La caída de la natalidad podría alterar las previsiones energéticas mundiales a largo plazo, según Wood Mackenzie
Summary
Wood Mackenzie considera que una menor población no reducirá la necesidad de invertir en la transición energética, sino que favorecerá una mayor automatización, incrementando la demanda eléctrica, el despliegue de centros de datos y el consumo de minerales críticos.
<p>La consultora Wood Mackenzie advierte de que la aceleración del descenso de la fertilidad mundial constituye un nuevo factor estructural para las previsiones energéticas de largo plazo. La tasa global de fertilidad cayó hasta 2,2 hijos por mujer en 2025, cerca del nivel de reemplazo de 2,1, frente a los 2,6 registrados en 2007. Bajo el escenario de baja natalidad de Naciones Unidas, la población mundial alcanzaría un máximo de 8.900 millones de habitantes en 2053 y descendería posteriormente hasta 7.000 millones en 2100, frente a la proyección central actual de 10.000 millones en 2060.</p>
<p>Pese a esta evolución demográfica, la consultora mantiene que la demanda energética seguirá creciendo durante las próximas décadas. El consumo mundial de energía primaria aumentaría un 8 %, hasta un máximo de 717 EJ en 2035, para reducirse posteriormente a 672 EJ en 2060, mientras que el consumo mundial de electricidad se duplicará hasta 71 PWh, impulsado por la electrificación, las energías renovables y la inteligencia artificial.</p>
<p>Wood Mackenzie considera que una menor población no reducirá la necesidad de invertir en la transición energética. La disminución de la población activa favorecerá una mayor automatización, incrementando la demanda eléctrica, el despliegue de centros de datos y el consumo de minerales críticos, al tiempo que continuará el desacoplamiento entre crecimiento económico y consumo de hidrocarburos. Además, el crecimiento demográfico previsto en Asia y África mantendrá una base sólida para la demanda energética mundial hasta 2060.</p>
<p>El informe concluye que las variables demográficas deben incorporarse a los modelos de planificación energética de largo plazo. El envejecimiento de la población ejercerá presión sobre el crecimiento económico y las finanzas públicas, lo que hace necesario acelerar las inversiones en infraestructuras energéticas inteligentes y bajas en carbono. Según la consultora, las ganancias de productividad derivadas de la inteligencia artificial podrían compensar parcialmente estos efectos, siempre que la transición energética avance antes de que la contracción demográfica adquiera un mayor peso después de 2060.</p>